Probablemente la mejor versión de este número clásico de la música
cubana. Interpretado por su autor, Andrés Echevarría Callava, conocido
artísticamente como Niño Rivera, quien lo escribiera en 1944, haciéndose
popular de inmediato y convirtiéndose con el tiempo en uno de los temas
más versionados de toda Latinoamérica. Rivera puede considerarse como
uno de los padres del tres cubano, cordófono de tres cuerdas dobles
octavadas creado a la luz del influjo colonial español, concretamente en
la zona del Caribe. Originario de las lomas orientales de la isla de
Cuba, fue la adaptación rural de la familia de instrumentos de cuerdas
de alambre que fueron populares en España durante la época colonial: el
laúd, la bandola y la bandurria. Así los campesinos crean un instrumento
más bien rústico, pero mucho más barato que un laúd español. En el
viaje que realiza el son hacia la zona occidental de Cuba hacia finales
del siglo XIX, éste se acompaña del tres, como no podía ser de otra
forma, ya que su cometido es ejecutar esa marcación característica
conocida como "tumbao", acaso uno de los principales rasgos del son y,
en definitiva, de la mayor parte de los géneros rumberos afrocubanos. Ya
hacia la segunda década del siglo XX el tres está presente en el auge
de los sextetos y septetos. Más tarde, Arsenio Rodríguez introduce las
tumbadoras, el piano y la sección de viento con tres trompetas,
otorgándole una nueva dimensión al estilo y sonido de las agrupaciones,
conocidas desde entonces como "conjuntos". El tres tiene que adaptarse a
las nuevas circunstancias y tiene que fabricarse de mayor tamaño para
poder competir con la intensidad del nuevo sonido. Niño Rivera
nutrió de grandes aportes armónicos y sonoros al instrumento, ejerciendo
gran influencia en generaciones de treseros hasta nuestros días.
Director, arreglista y compositor de números inolvidables como este "El
Jamaiquino", "Monte adentro" o "Carnaval del amor". Llegó a escribir un
"Método del Tres" y a componer un "Concierto para Tres y Orquesta", obra
única en su género. Tanto en su estilo al tocar el instrumento como en
lo relativo a los arreglos orquestales que creó pueden apreciarse
influencias del jazz de la época, como Duke Ellington o Benny Goodman.
Esta versión es probablemente del año 1981, de un disco grabado con el gran sonero Miguelito Cuní, que se destaca magistralmente en la parte vocal.